Mujeres con rodete

lunes, 4 de agosto de 2014

De tu distancia a la mía

Tic-tac
caen las gotas de tiempo
resbalan por tu espalda
resbalan por mis pechos.

Tic-tac
caen los segundos
pegados a tu piel
pegados a mi cuerpo.

El reloj del tiempo
no manda sobre olvidos de pieles
el tiempo del reloj
no manda sobre los besos
que se pierden.

Si en tu piel y la mía
mandara el segundero
roto habría quedado
de tanto ajetreo.

Se te cansan los ojos
de mirar el futuro
tanto oscuro perdido
en los segundos.

De tu distancia a la mía
solo tregua un minuto
el que tarda tu mano
en acercarse a mi mundo
que no tiene tic-tac
minutos ni segundos
ni tiempo ni reloj
porque a la vida
se los hurto
para que tu piel y mi cuerpo
respiren juntos.

                                        El beso                                          Gustav Klimt

sábado, 2 de agosto de 2014

El discurso de Rajoy y el mocho de la fregona

 
                                                         
                  Dicen que a los conductores se les desata la mala lengua en los atascos y otros incidentes viarios. Como yo no conduzco, a mí se me desata la mala lengua cuando escucho a la mayoría de los políticos. Ayer, a golpe de mocho de fregona, me escuché de pe a pa el discurso de nuestro presidente de gobierno.
Les aseguro que se limpia bien el suelo, una pasa y repasa las losetas al ritmo iracundo de
                                       ¡Y una mierda pa ti!
Aparta el ventilador y levanta la manta camilla al son mascullante de
                                        ¡Y una mierda, tío!
Escurre el mocho con una fuerza desconocida al compás de un enorme:
                                                                                                      ¡¡Tú eres gilipollas!!  
                 Habría pasado mejor rato si me hubiera puesto a Elvis, porque el suelo queda como una patena con un buen rock, pero me gusta escuchar una versión original antes de los comentarios, por aquello de saber con qué sesgos convivo en los medios de comunicación.
                Un rato después, mientras preparaba la comida, pensé que mejor almorzar con los Simpson, porque puestos a ver y oír a un garrulo que ignora la vida y necesidades de los demás, prefiero a Homer a un señor harto soso que se ha llevado veinte minutos diciendo -eso sí, todo engatusado y repulido de números- que
                       España, gracias a nosotros, va bien y el próximo año, mejor.
                 ¡Coño, qué casualidad, el año que viene hay elecciones generales...!

(Pena no poder estar en la rueda de prensa para espetarle que toda la gente que conocemos se está quedando sin agujeros en el cinturón o lo ha tenido que empeñar, y no precisamente en Suiza, Luxemburgo, las Caimán o Andorra).

                                                                   Epílogo

Entre la lechuga y los tomates de la ensalada se me cayó la ira (vestida de sarcasmo) del señor Rajoy hacia un periodista que le mencionó a Pablo Iglesias y a Alberto Garzón (por aquello del relevo generacional): dime qué te cabrea y te diré qué temes (y, por cierto, qué no respondes).

Tampoco tuvo mucha fortuna quien le preguntó por la ley del aborto y por la de dependencia, no se acordaba, ¡se habían tomado tantas decisiones en el consejo de ministros!: tuvo que rebuscar entre sus papeles qué había de esas leyes que inciden directamente en la vida de las mujeres... Si seguimos limpiando el suelo con fregona como en los años setenta u ochenta, ¿por qué no poner las leyes a ese nivel? El asunto es que por aquella época aún había quienes exigían que los suelos se fregaran de rodillas... ¡Ojito!

 

viernes, 18 de julio de 2014

Limpieza general

                       Hacer limpieza general en casa y además con el propósito de levantar hasta el último rincón -¡bendita mi casa que no tiene trastero!- y deshacerme de cosas estancadas -como un limo pegado al ánimo que ni sabía que existía-, tiene la ventaja de que en el fondo me deja muy relajada y, en la superficie, unas ganas de sentarme y meter las lumbares en el sillón que ni te cuento. También tiene el inconveniente -será porque cae el día- de que me vuelvo simplona cuando vuelvo a ojear el periódico.
                         
                    Un artículo que se titula "¿Qué hacemos con ellos?" encabezado por la siguiente foto:
                                       Pues tirarlos y votar unos nuevos, digo yo ¿no?
                       
                      Un teniente que escribe una novela en la que denuncia mamoneos internos del ejército es condenado por un tribunal militar a dos meses de reclusión en un centro de internamiento disciplinario.
                      Total, la separación de poderes: el poder judicial castigó a Garzón, el militar castiga a este joven y el ejecutivo (los de la foto de arriba) nos sigue castigando a todos los demás: unos, como el primero, se van del país -creo que una ministra lo llama movilidad laboral, mi tía Filomena emigrar, que ya ella lo hizo en los 60-, otros, como el segundo, entran en la chirona pública por protestar de los mamoneos del ejecutivo:

                   También me fijo en las noticias cinematográficas. Por lo que se ve se estrena "El amanecer del planeta de los simios".

                    Creo que trata de una época en la evolución en que todo es permitido si se tiene dinero a raudales.

                       Para terminar -que la noche ya ha caído- me paseo por los ecos de sociedad. No sé si es el sueño que tengo, que me nubla la vista, o es que en el fondo estoy de ánimo sandunguero, pero... ¿no es sutilmente pelvis con pelvis, resfregoncillo que lo llaman en mi tierra, la foto oficial?

lunes, 14 de julio de 2014

Curiosidades de la vida política

                        Hoy leo en el periódico que una eurodiputada de Podemos solo va a cobrar como sueldo lo que ya percibía por su trabajo como docente y que el monto restante lo va a donar a una asociación, pues se había comprometido a no elevar su nivel de vida.
          No sé cómo serán las cosas en el Parlamento Europeo, en el de por aquí, un poco:
La culpa es de...
                                        Nosotros no hemos sido...
            El empezó...
                                                               Yo no he dicho eso...
Yo no le he llamado... 
Sí, tú si me has dicho que yo...
                                                                    Fulanito no me escucha...
Menganita me ha pegado...
¡¿Yo?!
                                    Y, por supuesto, mucho barullo, corrillos, acorralamientos, silbidos, pitadas, palmas, amenazas sutiles o descaradas, presunciones y devaneos, secretos susurrados en esquinas poco visibles, intercambios de información...
                          ¡Ay, ya me he despistado! ¿Estaba hablando de un recreo o del parlamento, del congreso...?
              En fin, da lo mismo. Hace años le oí decir a un psicólogo que si nos parecía que un adulto se comportaba como un niño de tres años, que no nos cupiera duda: era un vampiro emocional, un manipulador (la criatura no, está en la edad propia). Pues eso será... 
                         Por cierto, que en el mismo periódico también venía la noticia de que un político deja su escaño después de llevar imputado más de un año por presunto tráfico de influencias y ahora también por soborno. Sí, eso pasa mucho en el cole, cuando le pides a algún alumno o alumna que se cambie de asiento porque su comportamiento no es aceptable para el grupo y protesta porque quiere seguir sentado con sus amiguitos.



 

viernes, 11 de julio de 2014

Sin etiquetas

               Hoy, ayer, anteayer, hace años... leo el periódico: palabras asociadas a un dolor y un sufrimiento universal: Palestina, Gaza, Israel...
                Cierro los ojos y miro a mi alumnado adulto de las clases de español: Senegal, Brasil, Marruecos, Rumanía, Pakistán, Sáhara. Los veo a todos callados, sumido cada una, cada uno en su tarea, descifrando la lengua del país donde ahora viven. Todos unidos en el silencio por el mismo afán: aprender.
                Abro los ojos y los veo, cuando entran en clase, cuando toman asiento, cuando se saludan. No se mezclan, cada uno con los suyos.
          Cierro los ojos y los veo en una actividad grupal: grupos interculturales. Se comunican como pueden: ríen, sonríen, hacen gestos: sí, sí, no, no, ¡ah, ya!... Disfrutan de la actividad: juntos, diversos. Los veo a todos, a todas tan distintos, tan distintas. Se rompen tópicos y mitos.
                
                 M. A., una mujer marroquí de treinta y tantos, madre divorciada que saca adelante a sus tres hijos sirviendo en una casa. Tal como llega -sonriente como siempre-, si no han venido varones a clase, se deshace del pañuelo que cubre su pelo y se remanga: ha venido a toda prisa y está acalorada. Sin embargo, M. una mujer saharaui de su edad sigue con su pañuelo, sus mangas largas, solo su cara y sus manos son visibles, su sonrisa cuando se abanica con la carpeta y exclama "Hoy mucho calor". Y D., un joven senegalés y L., una mujer brasileña madura y tostada por el sol de recoger naranjas, bromean: "¡Tú sí que no tienes problema con el sol!" y D. ríe. Es como el chocolate, un tazón dulce, sereno, reconfortante. Vende marroquinería en un puesto ambulante durante todo el día, antes se levanta a las seis de la mañana para orar.
                     S. hace semanas que se fue para dar a luz. Es una chica marroquí moderna y culta que cursaba 2º de Económicas en su país. Se vino para tener a su hijo aquí, donde su marido trabaja de cocinero. Hoy nos visita, quiere presentarnos a su pequeña. Dice que el curso próximo volverá a clase. En sus grandes ojos miel habita una soledad inmensa.
                   Y E., una jovencísima rumana, esbelta y tostada por el sol de recoger patatas, avispada y divertida, que se nubló a las pocas semanas de llegar: su madre murió de repente en su país natal. 
                    Quizá pudiera ir contando algo de cada uno de ellos, de cada una de ellas, desde los diecisiete años de E. a los cincuenta y cinco de I., pero a fin de cuenta lo que haría es la semblanza de personas tan normales como tú y yo, solo que ellas, ellos llevan etiqueta: extranjeros, inmigrantes, negros, musulmanes, mafias, integristas... Y con esa manía de etiquetar, convirtiendo el mundo en un gran supermercado, alimentamos el poder de los depredadores económicos y políticos, ¿somos conscientes de ello?



              
       
               

miércoles, 9 de julio de 2014

La Rabia Diaria II

Principios de los ochenta:

Una mujer, en un pueblo andaluz, va en busca de quien le han recomendado en secreto. Allí, en un habitación de una casa desconocia, a solas, recibe en su vagina un palo impregnado de ruda, una planta tóxica cuando se usa en grandes cantidades. 
Volverá a su casa tan sola como fue allí, dolorida, con retortijones en su seno, disimulando el temblor de sus piernas... Disimulando. Ahora solo queda esperar y que todo salga bien, si no...

Una mujer consigue una dirección mediante una amiga. Viaja unos centenares de kilómetros con su compañero en un pequeño utilitario. Es un piso, es un médico, hay una enfermera. Sin anestesia, siente como se le desgarran las entrañas, como le arden. Le cuesta caminar cuando sale de allí. También le ha costado más de lo que gana al mes limpiando casas. Él la ha ayudado. 
A la vuelta, ya noche cerrada, lluviosa, nerviosos, el coche derrapa y van a parar a un fangal a la margen de un río crecido. En un bar de carretera cercano les ayudan. 

Ella llora, no sabe qué hacer. Su amiga posa la mano en su brazo. Si te decides, avísame, le susurra.

Año 2014:

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Yo, nosotras, vosotras, ellas tenemos memoria histórica y debemos ejercerla: ¡Que no se repita la historia!

 No hay símbolos caducos, todos sirven para recordarnos los caminos que recorrimos, los que debemos seguir recorriendo.

Hoy he encontrado en el periódico esto:
http://www.publico.es/culturas/532825/yo-decido-el-tren-de-la-libertad-las-cineastas-espanolas-dan-un-paso-al-frente

martes, 8 de julio de 2014

La Rabia Diaria

                    A mí en vacaciones me da por leer la prensa. No es que esté desinformada el resto del año, no, pego el oído a la radio y me oriento en el maremagnum de corrupciones, difamaciones, cantamañanas y sinvergüenzas: pero prefiero Los Simpson, The Big Bang Theory o al Doctor Who y si fuera hombre, libraría mis batallas iracundas con Juego de Tronos. Pero estoy de vacaciones y leo la prensa. Y leo artículos y editoriales y, por fortuna, tengo tiempo. Hoy, en el lateral de un artículo, bajo la pequeña foto de su autor, esto:

 "Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo a no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre tiene miedo a la comida. La democracia tiene miedo a recordar y el lenguaje tiene miedo a decir.Es el tiempo del miedo.Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fué y a lo que puede ser. Miedo de morir. Miedo de vivir" 
                                                      E.Galeano
                       
                       Y recuerdo la discusión con un conocido que es marxista: él sostenía que la raíz de todo, causas y luchas, es política y económica; no le decía yo que no, pero que había que tener en cuenta las emociones humanas, la codicia, el deseo insaciable de poder, el miedo... como armas de destrucción de las personas con la finalidad de que aparquen sus luchas: sociales, personales, íntimas o solidarias. 
                          Hoy he recordado esa discusión porque el miedo, todos esos miedos que enuncia Galeano y más, no pueden, no deben derrotarnos. Porque estoy harta de oír en los medios de comunicación que "los pobres" (es decir, aquellas personas que son apaleadas por este sistema económico) sienten vergüenza de serlo. ¿Cómo hemos llegado a constituir una sociedad en la que la víctima de una bestial manipulación y agresión económica siente que es culpable y los causantes son encumbrados? ¿Cómo hemos llegado al punto en que guardar cola en un comedor social sea una situación que haga desviar la mirada, ocultarlo, y desfilen con la cabeza bien alta quienes han provocado, ayudado y mantienen con sus palabras, hechos o silencios esta situación?


            Pero hay que transformar la energía que nos da en movimiento...