Mujeres con rodete

domingo, 29 de abril de 2018

De las corridas de toros a "La manada", secuelas de la dictadura

            Tengo un amigo a quien le gustan las corridas de toros. Me dice que los toreros son valientes. Yo le respondo que más valor hay que tener para salir adelante con sueldos de miseria, hijes, facturas de servicios básicos e hipoteca que a lo mejor no puedes pagar y un día de estos te ves en la calle... También ser mujer día a día y mucho más si eres inmigrante, si no eres fémina heterosexual, si...
          En las corridas de toros, "la manada" se llama cuadrilla. La cuadrilla la componen varones que torturan de diferente forma a un animal, toro, mediante lesiones de banderillas y rejón para que pierda fuerzas y el torero lo pueda matar, lo debilitan para que uno lo remate. Actúan colectiva y coordinadamente para torturar y dar muerte a un animal al que crían expresamente para ese cometido de víctima. Eso está considerado en mi país una fiesta, y lo llaman fiesta nacional por añadidura. Es un festejo representativo de nuestro país dentro y fuera de nuestras fronteras.
          Un grupo de hombres acorrala a una mujer, la torturan sexualmente penetrándola numerosas veces vaginal, anal y bucalmente y le "matan" los inicios de su juventud. Se retransmite mediante móvil -no por la tele como las corridas de toros-, los seguidores aplauden y alaban la faena. Los participantes, la manada-cuadrilla, se felicitan por su éxito, por lo bien que lo han hecho. Muestran el dolor y sufrimiento de la víctima como trofeo, al igual que se muestra al animal muerto en la plaza, y ufanos presumen de hazaña cual torero que da la vuelta al ruedo mostrando una parte amputada del animal, oreja, rabo, entre aplausos del público.
            ¿Por qué nos extrañamos de que en este juicio no se considere agresión sexual, violación, los hechos padecidos, sufridos, por esta jovencísima mujer? ¿Por qué nos sorprende que la ley no lo contemple rotundamente así? Nuestra fiesta nacional nos retrata, retrata una cultura que rinde tributo al poder sobre el supuestamente débil, que no es tal, solo un animal a quien se debilita a propósito mediante tortura cruenta y cruel, encerrado sin escapatoria posible.
          Nuestra cultura, heredera del franquismo-catolicismo, es una cultura obsesionada con encumbrar y ensalzar el sufrimiento y la muerte: el hombre más valeroso, el que pierde la vida en una guerra; la mujer más valerosa, la que pierde la vida defendiendo su "virtud" (porque si no la defiende parece que tenga merecido lo que le suceda); la Semana Santa celebra la muerte del Dios católico y se olvida de la parte más hermosa y esperanzadora que es la resurrección; el/la mejor trabajador/a es quien entrega su vida al trabajo sin mirar la cantidad de horas, su salario mísero ni el desgaste de su salud; etc., etc., etc., demasiado largo...
               Han pasado más de cuarenta años de la muerte de un militar dictador que se sublevó contra una democracia -tuviera los defectos que tuviera, pero era una democracia-. Durante cuarenta años -tras unos pocos de república y muchos de dictadura anterior y monarquías absolutistas y siempre bajo la tutela de la iglesia católica- hemos sido educados moral, espiritual, mental, emocional, social, económica, culturalmente, etc. por un régimen militar-religioso por el que la famosa Transición ha pasado de puntillas. Hasta que no lo derroquemos dentro de nosotres mismes con todo el apoyo mutuo de que seamos capaces y no lo derroquemos en nuestras formas sociales y de convivencia, en nuestros hábitos, costumbres y comportamientos, desde los políticos, económicos, judiciales, institucionales... , hasta los modestos y cotidianos de cada día a base de mucha solidaridad y cooperación, no habremos derrotado definitivamente a la dictadura, sus secuelas y a sus secuaces.
           Hasta que en este país no nos parezca una bestilidad, un sinsentido, una aberración sentencias como la de "la manada", condenas judiciales por canciones, chistes, posiciones políticas discrepantes, etc., desahucios, condiciones de trabajo cercanas a modos esclavistas, incapacidad para recibir y alojar a exiliados, abusos y acosos sexuales como formas normales de relación, y el sinfín de situaciones que se te están pasando por la cabeza, no nos podremos llamar democracia con mayúsculas, solo seremos la eterna prolongación de una Historia incapaz de mirarse a sí misma, aprender de sus errores y cambiar.

lunes, 4 de agosto de 2014

De tu distancia a la mía

Tic-tac
caen las gotas de tiempo
resbalan por tu espalda
resbalan por mis pechos.

Tic-tac
caen los segundos
pegados a tu piel
pegados a mi cuerpo.

El reloj del tiempo
no manda sobre olvidos de pieles
el tiempo del reloj
no manda sobre los besos
que se pierden.

Si en tu piel y la mía
mandara el segundero
roto habría quedado
de tanto ajetreo.

Se te cansan los ojos
de mirar el futuro
tanto oscuro perdido
en los segundos.

De tu distancia a la mía
solo tregua un minuto
el que tarda tu mano
en acercarse a mi mundo
que no tiene tic-tac
minutos ni segundos
ni tiempo ni reloj
porque a la vida
se los hurto
para que tu piel y mi cuerpo
respiren juntos.

                                        El beso                                          Gustav Klimt

sábado, 2 de agosto de 2014

El discurso de Rajoy y el mocho de la fregona

 
                                                         
                  Dicen que a los conductores se les desata la mala lengua en los atascos y otros incidentes viarios. Como yo no conduzco, a mí se me desata la mala lengua cuando escucho a la mayoría de los políticos. Ayer, a golpe de mocho de fregona, me escuché de pe a pa el discurso de nuestro presidente de gobierno.
Les aseguro que se limpia bien el suelo, una pasa y repasa las losetas al ritmo iracundo de
                                       ¡Y una mierda pa ti!
Aparta el ventilador y levanta la manta camilla al son mascullante de
                                        ¡Y una mierda, tío!
Escurre el mocho con una fuerza desconocida al compás de un enorme:
                                                                                                      ¡¡Tú eres gilipollas!!  
                 Habría pasado mejor rato si me hubiera puesto a Elvis, porque el suelo queda como una patena con un buen rock, pero me gusta escuchar una versión original antes de los comentarios, por aquello de saber con qué sesgos convivo en los medios de comunicación.
                Un rato después, mientras preparaba la comida, pensé que mejor almorzar con los Simpson, porque puestos a ver y oír a un garrulo que ignora la vida y necesidades de los demás, prefiero a Homer a un señor harto soso que se ha llevado veinte minutos diciendo -eso sí, todo engatusado y repulido de números- que
                       España, gracias a nosotros, va bien y el próximo año, mejor.
                 ¡Coño, qué casualidad, el año que viene hay elecciones generales...!

(Pena no poder estar en la rueda de prensa para espetarle que toda la gente que conocemos se está quedando sin agujeros en el cinturón o lo ha tenido que empeñar, y no precisamente en Suiza, Luxemburgo, las Caimán o Andorra).

                                                                   Epílogo

Entre la lechuga y los tomates de la ensalada se me cayó la ira (vestida de sarcasmo) del señor Rajoy hacia un periodista que le mencionó a Pablo Iglesias y a Alberto Garzón (por aquello del relevo generacional): dime qué te cabrea y te diré qué temes (y, por cierto, qué no respondes).

Tampoco tuvo mucha fortuna quien le preguntó por la ley del aborto y por la de dependencia, no se acordaba, ¡se habían tomado tantas decisiones en el consejo de ministros!: tuvo que rebuscar entre sus papeles qué había de esas leyes que inciden directamente en la vida de las mujeres... Si seguimos limpiando el suelo con fregona como en los años setenta u ochenta, ¿por qué no poner las leyes a ese nivel? El asunto es que por aquella época aún había quienes exigían que los suelos se fregaran de rodillas... ¡Ojito!

 

viernes, 18 de julio de 2014

Limpieza general

                       Hacer limpieza general en casa y además con el propósito de levantar hasta el último rincón -¡bendita mi casa que no tiene trastero!- y deshacerme de cosas estancadas -como un limo pegado al ánimo que ni sabía que existía-, tiene la ventaja de que en el fondo me deja muy relajada y, en la superficie, unas ganas de sentarme y meter las lumbares en el sillón que ni te cuento. También tiene el inconveniente -será porque cae el día- de que me vuelvo simplona cuando vuelvo a ojear el periódico.
                         
                    Un artículo que se titula "¿Qué hacemos con ellos?" encabezado por la siguiente foto:
                                       Pues tirarlos y votar unos nuevos, digo yo ¿no?
                       
                      Un teniente que escribe una novela en la que denuncia mamoneos internos del ejército es condenado por un tribunal militar a dos meses de reclusión en un centro de internamiento disciplinario.
                      Total, la separación de poderes: el poder judicial castigó a Garzón, el militar castiga a este joven y el ejecutivo (los de la foto de arriba) nos sigue castigando a todos los demás: unos, como el primero, se van del país -creo que una ministra lo llama movilidad laboral, mi tía Filomena emigrar, que ya ella lo hizo en los 60-, otros, como el segundo, entran en la chirona pública por protestar de los mamoneos del ejecutivo:

                   También me fijo en las noticias cinematográficas. Por lo que se ve se estrena "El amanecer del planeta de los simios".

                    Creo que trata de una época en la evolución en que todo es permitido si se tiene dinero a raudales.

                       Para terminar -que la noche ya ha caído- me paseo por los ecos de sociedad. No sé si es el sueño que tengo, que me nubla la vista, o es que en el fondo estoy de ánimo sandunguero, pero... ¿no es sutilmente pelvis con pelvis, resfregoncillo que lo llaman en mi tierra, la foto oficial?

lunes, 14 de julio de 2014

Curiosidades de la vida política

                        Hoy leo en el periódico que una eurodiputada de Podemos solo va a cobrar como sueldo lo que ya percibía por su trabajo como docente y que el monto restante lo va a donar a una asociación, pues se había comprometido a no elevar su nivel de vida.
          No sé cómo serán las cosas en el Parlamento Europeo, en el de por aquí, un poco:
La culpa es de...
                                        Nosotros no hemos sido...
            El empezó...
                                                               Yo no he dicho eso...
Yo no le he llamado... 
Sí, tú si me has dicho que yo...
                                                                    Fulanito no me escucha...
Menganita me ha pegado...
¡¿Yo?!
                                    Y, por supuesto, mucho barullo, corrillos, acorralamientos, silbidos, pitadas, palmas, amenazas sutiles o descaradas, presunciones y devaneos, secretos susurrados en esquinas poco visibles, intercambios de información...
                          ¡Ay, ya me he despistado! ¿Estaba hablando de un recreo o del parlamento, del congreso...?
              En fin, da lo mismo. Hace años le oí decir a un psicólogo que si nos parecía que un adulto se comportaba como un niño de tres años, que no nos cupiera duda: era un vampiro emocional, un manipulador (la criatura no, está en la edad propia). Pues eso será... 
                         Por cierto, que en el mismo periódico también venía la noticia de que un político deja su escaño después de llevar imputado más de un año por presunto tráfico de influencias y ahora también por soborno. Sí, eso pasa mucho en el cole, cuando le pides a algún alumno o alumna que se cambie de asiento porque su comportamiento no es aceptable para el grupo y protesta porque quiere seguir sentado con sus amiguitos.



 

viernes, 11 de julio de 2014

Sin etiquetas

               Hoy, ayer, anteayer, hace años... leo el periódico: palabras asociadas a un dolor y un sufrimiento universal: Palestina, Gaza, Israel...
                Cierro los ojos y miro a mi alumnado adulto de las clases de español: Senegal, Brasil, Marruecos, Rumanía, Pakistán, Sáhara. Los veo a todos callados, sumido cada una, cada uno en su tarea, descifrando la lengua del país donde ahora viven. Todos unidos en el silencio por el mismo afán: aprender.
                Abro los ojos y los veo, cuando entran en clase, cuando toman asiento, cuando se saludan. No se mezclan, cada uno con los suyos.
          Cierro los ojos y los veo en una actividad grupal: grupos interculturales. Se comunican como pueden: ríen, sonríen, hacen gestos: sí, sí, no, no, ¡ah, ya!... Disfrutan de la actividad: juntos, diversos. Los veo a todos, a todas tan distintos, tan distintas. Se rompen tópicos y mitos.
                
                 M. A., una mujer marroquí de treinta y tantos, madre divorciada que saca adelante a sus tres hijos sirviendo en una casa. Tal como llega -sonriente como siempre-, si no han venido varones a clase, se deshace del pañuelo que cubre su pelo y se remanga: ha venido a toda prisa y está acalorada. Sin embargo, M. una mujer saharaui de su edad sigue con su pañuelo, sus mangas largas, solo su cara y sus manos son visibles, su sonrisa cuando se abanica con la carpeta y exclama "Hoy mucho calor". Y D., un joven senegalés y L., una mujer brasileña madura y tostada por el sol de recoger naranjas, bromean: "¡Tú sí que no tienes problema con el sol!" y D. ríe. Es como el chocolate, un tazón dulce, sereno, reconfortante. Vende marroquinería en un puesto ambulante durante todo el día, antes se levanta a las seis de la mañana para orar.
                     S. hace semanas que se fue para dar a luz. Es una chica marroquí moderna y culta que cursaba 2º de Económicas en su país. Se vino para tener a su hijo aquí, donde su marido trabaja de cocinero. Hoy nos visita, quiere presentarnos a su pequeña. Dice que el curso próximo volverá a clase. En sus grandes ojos miel habita una soledad inmensa.
                   Y E., una jovencísima rumana, esbelta y tostada por el sol de recoger patatas, avispada y divertida, que se nubló a las pocas semanas de llegar: su madre murió de repente en su país natal. 
                    Quizá pudiera ir contando algo de cada uno de ellos, de cada una de ellas, desde los diecisiete años de E. a los cincuenta y cinco de I., pero a fin de cuenta lo que haría es la semblanza de personas tan normales como tú y yo, solo que ellas, ellos llevan etiqueta: extranjeros, inmigrantes, negros, musulmanes, mafias, integristas... Y con esa manía de etiquetar, convirtiendo el mundo en un gran supermercado, alimentamos el poder de los depredadores económicos y políticos, ¿somos conscientes de ello?



              
       
               

miércoles, 9 de julio de 2014

La Rabia Diaria II

Principios de los ochenta:

Una mujer, en un pueblo andaluz, va en busca de quien le han recomendado en secreto. Allí, en un habitación de una casa desconocia, a solas, recibe en su vagina un palo impregnado de ruda, una planta tóxica cuando se usa en grandes cantidades. 
Volverá a su casa tan sola como fue allí, dolorida, con retortijones en su seno, disimulando el temblor de sus piernas... Disimulando. Ahora solo queda esperar y que todo salga bien, si no...

Una mujer consigue una dirección mediante una amiga. Viaja unos centenares de kilómetros con su compañero en un pequeño utilitario. Es un piso, es un médico, hay una enfermera. Sin anestesia, siente como se le desgarran las entrañas, como le arden. Le cuesta caminar cuando sale de allí. También le ha costado más de lo que gana al mes limpiando casas. Él la ha ayudado. 
A la vuelta, ya noche cerrada, lluviosa, nerviosos, el coche derrapa y van a parar a un fangal a la margen de un río crecido. En un bar de carretera cercano les ayudan. 

Ella llora, no sabe qué hacer. Su amiga posa la mano en su brazo. Si te decides, avísame, le susurra.

Año 2014:

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Yo, nosotras, vosotras, ellas tenemos memoria histórica y debemos ejercerla: ¡Que no se repita la historia!

 No hay símbolos caducos, todos sirven para recordarnos los caminos que recorrimos, los que debemos seguir recorriendo.

Hoy he encontrado en el periódico esto:
http://www.publico.es/culturas/532825/yo-decido-el-tren-de-la-libertad-las-cineastas-espanolas-dan-un-paso-al-frente

martes, 8 de julio de 2014

La Rabia Diaria

                    A mí en vacaciones me da por leer la prensa. No es que esté desinformada el resto del año, no, pego el oído a la radio y me oriento en el maremagnum de corrupciones, difamaciones, cantamañanas y sinvergüenzas: pero prefiero Los Simpson, The Big Bang Theory o al Doctor Who y si fuera hombre, libraría mis batallas iracundas con Juego de Tronos. Pero estoy de vacaciones y leo la prensa. Y leo artículos y editoriales y, por fortuna, tengo tiempo. Hoy, en el lateral de un artículo, bajo la pequeña foto de su autor, esto:

 "Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo a no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre tiene miedo a la comida. La democracia tiene miedo a recordar y el lenguaje tiene miedo a decir.Es el tiempo del miedo.Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.Miedo a los ladrones, miedo a la policía. Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fué y a lo que puede ser. Miedo de morir. Miedo de vivir" 
                                                      E.Galeano
                       
                       Y recuerdo la discusión con un conocido que es marxista: él sostenía que la raíz de todo, causas y luchas, es política y económica; no le decía yo que no, pero que había que tener en cuenta las emociones humanas, la codicia, el deseo insaciable de poder, el miedo... como armas de destrucción de las personas con la finalidad de que aparquen sus luchas: sociales, personales, íntimas o solidarias. 
                          Hoy he recordado esa discusión porque el miedo, todos esos miedos que enuncia Galeano y más, no pueden, no deben derrotarnos. Porque estoy harta de oír en los medios de comunicación que "los pobres" (es decir, aquellas personas que son apaleadas por este sistema económico) sienten vergüenza de serlo. ¿Cómo hemos llegado a constituir una sociedad en la que la víctima de una bestial manipulación y agresión económica siente que es culpable y los causantes son encumbrados? ¿Cómo hemos llegado al punto en que guardar cola en un comedor social sea una situación que haga desviar la mirada, ocultarlo, y desfilen con la cabeza bien alta quienes han provocado, ayudado y mantienen con sus palabras, hechos o silencios esta situación?


            Pero hay que transformar la energía que nos da en movimiento...

martes, 30 de abril de 2013

Las agujas del tiempo

Autorretrato entre Reloj y Cama  Eduard Munch


Las agujas del tiempo
nunca responden a nuestros deseos
su giro tan usual como inesperado
respira en las paredes de nuestro vientre
gira en nuestros ojos adormecidos de dudas y alabastro.

A nuestro alrededor el sol muda sus hojas
la lluvia seca nuestros dolores más íntimos
y la luz del día esparce por la hierba
la oscuridad de sus raíces.

Dicen que cada día nace un suspiro silencioso
un susurro vociferante
y un grito sordo.

Dicen que la luz no ocupa en tus pupilas
sino un atisbo de mirada
que tus labios escarcharon su última sonrisa
y que tus manos ya no ahuecan nada.

Dicen las agujas del tiempo
que ya tu reloj
no abarca deseos.

                                  ..................... Emma Aliés


El grito           Eduard Munch


martes, 9 de abril de 2013

José Luis Sampedro, un escritor vaca

  
Autor de la caricatura: Iñaki Cerrajería

          Cuando me he enterado de que se ha muerto, he llorado. Pero este buen hombre (y mucho más) era poco amigo de dramones, así que, como escribana, transcribo unos párrafos de su libro “Escribir es vivir”, escrito con la colaboración de Olga Lucas, su compañera.
         ¿Por qué este texto y no otro? Porque es divertido, tierno y certero, y su autorretrato como escritor.

  "Pensemos en una forma sencilla de definir a un escritor. Podemos recurrir a varios ejemplos. Yo me
inclino por aquellos que desmitifican al escritor, que lo bajan de su peana, le despojan de su aureola
mágica y lo muestran como un trabajador cualquiera. El ejemplo más directo, sencillo y, a la vez, muy
ilustrativo del oficio es la comparación del escritor con una vaca. […] espero que me sigan, que puedan
visualizar al escritor comparado con una vaca.
Veamos, ¿qué hace la vaca? Ustedes imaginen la vaca en un prado, tan tranquila, detrás de una cerca
mirando a la carretera. Por la carretera pasan infinitas cosas. Pasan los labradores que van a labrar los
campos, pasan los turistas, pasa la guardia civil, pasa el coche de línea. Y la vaca lo mira todo. Ustedes, los que viven por aquí, se habrán fijado en los ojos de las vacas. Los ojos de las vacas son maravillosos, son un prodigio, merecen tantos madrigales como los ojos de las mujeres hermosas y no los tienen las pobres. […] Los ojos de las vacas son asombrosos,son grandes, tremendos, son protuberantes, casi esféricos, se salen casi de las órbitas. Además, están uno a cada lado de la cabeza, con lo que tienen seguramente un campo visual, un gran angular que los humanos no tenemos. Un campo tremendo. Los ojos de la vaca son sensacionales. Y ¿qué hace la vaca viendo todo aquello? Se lo zampa, lo observa todo. El escritor también. El escritor es un voyeur , confesémoslo de una vez, y lo digo en francés para que no parezca indecente. El escritor lo ve todo, lo oye, lo huelo todo – no digo que lo toca porque eso ya sería pasarse - , pero el escritor, verdaderamente, es una cotilla. Volvamos a la vaca. ¿Qué pasa con ella al cabo de un rato? La vaca agacha la cabeza, arranca con sus dientes unas briznas de hierba, las mastica y se las traga. ¡Ah!, pero como ustedes saben muy bien, la vaca es un rumiante. Y, además, tiene cuatro estómagos, quien los pillara, ¿verdad?, para disfrutar más de la comida. La vaca se saca de uno de sus cuatro estómagos lo que ha tragado, lo vuelve a la boca y lo mastica de nuevo. El escritor actúa también como un rumiante: a todo lo que ha visto, todo lo que ha tocado y oído le da vueltas y más vueltas. Yo, por ejemplo, voy por la calle, y como el de escritor es mi oficio permanente, tengo a mi lado mi ordenador de bolsillo.

(En este momento, el profesor Sampedro saca de su bolsillo un pequeño bloc, lo agita en alto para que
todo el mundo lo vea, la clase sonríe y él ironiza.)

Sí, ya les dije que adoro la técnica; este ordenador de bolsillo es un artefacto muy práctico, gasta muy
poca energía, la que pongo yo. Pues bien, con este artefacto voy por la calle, se me ocurre una idea y
la anoto aquí, en esta hojita. Sigo caminando, se me ocurre otra que nadie tiene que ver con la anterior y la escribo en esta otra hojita. Naturalmente, cuando llego a casa, no están por orden. Pero eso lo resuelve mi ordenador, porque no lo olviden, esto es un ordenador, y lo hace del siguiente modo: gracias a mi gran práctica y un movimiento hábil de muñeca, se arrancan las hojitas, se cambian de sitio juntándose las afines y separando las inconexas. Es decir, el escritor hace lo mismo que la vaca: rumia lo que se ha tragado observando, le da vueltas, lo trabaja. La vaca transforma la hierba en sustancia vacuna, el escritor transforma lo que ve, lo que toca, lo que piensa, lo que imagina, lo que ha ocurrido y lo que no ocurrió, pero hubiera querido que ocurriera; el escritor transforma todo en carne. Porque el escritor auténtico escribe con su carne, su sangre, su médula, lo mismo que la araña teje su tela con su propio cuerpo. Bueno, he dicho la araña, tal vez debería haber dicho el gusano de seda. Es mejor, más poético. Además, como saben ustedes hay especies de arañas que se comen al macho durante la cópula, cosa que nunca me ha hecho gracia, pero, sí, hacen su tela que es la idea que quería expresar. Resumiendo, el escritor, como la vaca, observa, rumia, transforma, convierte en sí mismo; escribe con lo que es: hace y se hace. Y para que vean que mi metáfora es acertada, ¿qué pasa al final del día con la vaca? Llega el dueño, se la lleva al establo, la ordeña y al día siguiente vende la leche y se queda con los cuartos. Eso sí, deja a la vaca el diez por ciento para que siga escribiendo. ¿No les parece a ustedes que mi imagen del escritor como una vaca no es tan desatinada? Con un poco de imaginación y sin mirarme al espejo puedo verme como una vaca consciente porque soy un escritor. [...]"


domingo, 24 de marzo de 2013

Escribir sin saber escribir


Serie Mujeres en azul, 2011 -  Zulema Galeano
          Siempre ando buscando razones para escribir, aunque rara vez me ponga a ello. Una vez más releo el libro de Natalie Goldberg “El gozo de escribir”. Lo tengo desde hace muchos años. Lo compré por una razón y cada vez que lo he releído, lo he hecho por una diferente. Esta vez para recordar la relación entre escritura y meditación. Pero, claro, una cosa es la razón por la que uno toma un libro para releerlo y otra muy distinta la que encuentra por el camino.
           Por el camino recuerdo todas las veces que he escuchado dentro y fuera de mí: “Es que yo no sé escribir”. Y cada uno nos hemos cerrado nuestra propia puerta, es más, con llave, cerrojos y candados. Confundimos con frecuencia escribir con El Quijote, escribir con García Lorca.
        “Para escribir, o se hace bien o no se hace”, dicen algunos, ¿acaso enmudecemos para siempre porque no hablamos con la dicción de un académico?
        “Yo no escribo porque tengo muchas faltas de ortografía”, se avergüenza más de uno, ¿es que si ceceamos nos callamos para siempre?
         “Cuenta lo que hiciste el domingo”: esa redacción escolar moteada de rojo sobre esos arabescos que tanto te costó juntar para, sencillamente, contar tu historia.
          Si alguien nos dijera habla bien o cállate, es más que seguro que lo mandaríamos a hacer puñetas: “Hablo como me da la gana ¿vale? Y si no te gusta, puerta”. Y abrimos la puerta a nuestro censor para que se marche rapidito. Sin embargo, cuando escribimos, lo metemos dentro, cerramos la puesta a sus espaldas y le decimos ¡azótame! A veces, ni siquiera nos ha dado tiempo de coger el boli.
            Si escribir es hablar con garabatillos unidos sobre el papel, hablar es escribir nuestras vivencias con sonidos que engarzados unos con otros forman nuestra palabra. Y de esto, nos cuenta mucho Carmen Martín Gaite en “El cuento de nunca acabar”, hasta de la cercana distancia que media entre el cotilleo, el rumor, la historia de rellano y el arte de narrar. Y lo hace como si te hubiera encontrado en las escaleras y tuviera ganas de palique.
       Todo esto porque he leído en uno de los primeros capítulos del libro de Natalie Goldberg:
       “Pensad en la práctica de la escritura como en un abrazo afectuoso al cual podemos abandonarnos de la forma más ilógica e incoherente. Es nuestro bosque salvaje...”
          También recuerdo lo que me comentaba una amiga que no es escritora, quien durante un verano se quedó encerrada en su casa escribiendo el borrador de una novela: “No sé por qué me cuesta tanto sentarme a escribir, porque después de un par de horas escribiendo salgo de la habitación como si hubiera echado un polvazo”.
           Tía Blasina me comentó un día a la salida de un Taller de Escritura Creativa: “No se lo digas a nadie, pero ya he acuñado mi propio lema para escibir: Escribir lo que me dé la gana y como me dé la gana.” La veo de tarde en tarde, escribe poco, pero dice que cuando lo hace nunca lo olvida y se pone el mundo por montera.
           Quizá todo se resuma en lo que aconsejaba mi prima Mari: “La vergüenza era verde y se la comió un burro”; o puede que todo estribe en lo que me comentó un amigo: “Cuando nos hacemos adultos, se nos olvida jugar”.
         Pero pensar en la escritura como un abrazo afectuoso, como echar un buen polvo o hacer el amor, como un juego o una charla amistosa... ¿de verdad que no os entran ganas?
           Y en la butaca, el censor. ¿Habéis probado a quitársela cuando se vaya a sentar? Si se pega el culazo, quizá no vuelva mañana.

            Dedicado a J. R. M., a I. B. A. y a mis ex-alumnas Carmen, Lola y Piedad

domingo, 10 de marzo de 2013

Los ojos del tiempo (Día-río II)

        Hoy miro el tiempo, sin mirar el reloj, y me acuerdo de una entrada que tengo señalada en el libro de Emma Aliés “Día-río”:

“Me fascina la idea de tiempo en el ser humano, al menos en nuestra cultura, no hay noción más subjetiva que esa, tanto como exhaustivamente milimetrada: minutos, segundos, nanosegundos... Quizá ese empeño desmedido por medir proviene del pánico a lo ingobernable, a lo inasible, a todo aquello que se nos escapa de las manos ¿a velocidad? y sin control alguno por nuestra parte. Vida, tiempo y muerte se vinculan tan intrínsecamente... Por supuesto, eso siempre lo descubrimos tarde, quizá por la propia sabiduría de la vida, que no quiere abrumarnos con sensateces y nos deja tranquilos con nuestras locuras culturales y antropológicas, máscaras sociales de supervivencia.”

           Cierra esta entrada, un par de páginas después, el poema Minuto sin reloj:

El minuto al cabo de la hora y el día,
el minuto de antes y después,
el miedo al minuto,
la duda y la incertidumbre,
el minuto blando,
el minuto del susto y el llanto,
el minuto -diminuto-
que se escapa, que dejo escapar.

El minuto que se escurre,
el que no quiero y transcurre en sesenta segundos,
el que huyó y no miró atrás,
el minuto que tropezó y cayó
-por mirar hacia atrás-.

El minuto y la nube,
el minuto y el pájaro,
la bestia del minuto,
sus dientes amarillos
y su pelaje de carbón,
el minuto dulce de sonrisa.

La hora sentada en una silla
esperando el desfile de los minutos:
para levantarse:
para irse sin mirar atrás,
para dejarnos sentados en su silla de horas y minutos:
para que contemos:
los que faltan, los que se fueron.
Hasta que llegue el silencio.
 
             Pero no siempre el tiempo es tan pequeñito, ahora, con los ojos del balcón me pregunto ¿por qué debo esperar a los últimos días de marzo para celebrar la primavera cuando ya están las palomas arrullándose en la baranda y comenzando a florecer mis macetas, apenas comenzado el mes? Aún conservo doblada la esquina de la página donde Thomas Mann pone en boca de Hans Castorp, uno de los personajes de “La montaña mágica”:

“En invierno, los días se alargan y en cuanto llega el más largo del año, el veintiuno de junio, el principio del verano, se invierte el proceso, y los días se van acortando a medida que se avanza hacia el invierno. […] Pensar que el inicio del invierno en realidad es el inicio de la primavera, y que cuando empieza el verano, en realidad empieza el otoño...”

              Y me alegro de que la primavera ya haya llegado en diciembre.


domingo, 3 de febrero de 2013

El valor de la risa y las lágrimas (Día-río I)

          Cuenta Emma Alies en su volumen de reflexiones sobre la vida cotidiana “Día-río” que:

          “Hace más de dos décadas, un amigo me dijo: Ríes poco y no tienes sentido del humor. Tres años después no volví a saber nada de él. Aquello causó en mí un dolor que no quería reconocer y escapé del llanto comprándome “El libro de la risa y el olvido” de Milan Kundera. Ni me reí ni olvidé. No sabía hacer esas cosas y además ignoraba que no se podían aprender en los libros. Pasaron muchos años, y en ellos aprendí a olvidar, recuperé el sentido de la risa de mi infancia y confundí el sentido del humor con la ironía y el sarcasmo, pero no re-aprendí el sentido del llanto, tan bien ejercido y con tanto acierto en mi adolescencia y primera juventud. También compré libros: “Una pena en observación”, de C. S. Lewis y “Diario de duelo” de Roland Barthes. La estrategia surtió efecto, lloré, mucho, saqué muchas lágrimas por mis ojos. Pero aún no había re-aprendido a llorar. Hubieron de pasar sobre mí años de desconcierto y sequía, años desnortados y desnudos, para que alejara los libros de mi cuerpo y me acercara a él. Para que la vergüenza, esa tara humana inventada ancestralmente por algunas religiones, me devolviera a la niñez y sus recovecos. Sentada en mi sillón durante meses, incapaz de algo más que mirar por la ventana, alimentarme y dormir a duras penas, comencé a leer el libro de mi cuerpo y el libro de mi vida desde una foto pegada a la pared. Y así, pasado un tiempo, lectora neonata y perseverante, comencé a desgranar, a deshojar, desflorar y entrañar sus hojas hasta sonreír y sonreírme, hasta alcanzar la mal-vista risa estrepitosa de una mujer madura y la sonrisa de la comisura de la mirada, hasta llorar con lágrimas gruesas de sal por lo propio y lo ajeno, lo nimio y lo perverso, hasta aprender a fundir ese río con la comisura de mis ojos. Ahora re-leo ese libro con frecuencia para no olvidar, pero, sobre todo, para no olvidar-me.”

          “Día-río” es un volumen de confidencias y reflexiones sobre la vida cotidiana y textos de autores varios. Cuenta la autora en un aparte, que nunca tuvo intención de mantener un diario, sin embargo escribía con frecuencia sobre su vida y lo que leía, a modo de exorcismo de sinsabores vitales, por lo que aquellas páginas pasaron a recoger, de alguna forma, el río de su vida, o al menos, "algún que otro afluente". Además, comenta ella misma:

          “Tenía la pretensión en sus inicios de que ese 'río' fluyera para llegar a ser verbo en mi vida. En la actualidad, guardo para mí otra perspectiva: los días se enlazan en red, y, en ellos y por ellos, fluyen tanto la vida como la palabra, propia y de otros, oída, leída, liada, entrevista, ... o más bien la palabra-vida-vivida, río-red, y, aparte de todo esto, que puede parecer un galimatías, río, lloro y río con lágrimas o lloro entre risas, a fin de cuentas, viene a ser lo mismo, el potente flujo interior hecho materia: sonidos más o menos escandalosos, formación de patas de gallo y agua salada.”

domingo, 6 de enero de 2013

Jacqueline Goldberg: buscar un libro y no encontrarlo


          Llevo años paseándome por las librerías de mi ciudad buscando libros imposibles, libros fuera de época, libros descatalogados, libros... Siempre me salva la bendita red internáutica. Así pude ir ilusionada a la oficina de correos a recoger la autobiografía de la anarquista de principios del siglo XX Emma Goldman, que desde los diecisiete años quería leer; recibir en la puerta de mi casa, tras la firma obligada, procedente de una pequeña librería de Deltona (U.S.A.), una colección de textos sobre El oficio de narrar coordinado por Marina Mayoral; o conseguir, tras larga persecución, más de media docena de libros de Virginia Woolf antes de que la película Las horas la “reeditara”. Porque hace ya mucho que no se estila leer lo que uno quiera, sino la lectura a toque de corneta: hasta ahí llega nuestra libertad de expresión versus libertad de comprensión.
          Y si vengo con este cuento, es porque el periplo de mi nueva búsqueda comenzó y terminó hace unos días. Nombre: Jacqueline Goldberg, su libro: editado en 2009, estado: desaparecido, género: poesía. Para matar el hambre, me leí los poemas que tiene colgados en su blog. Un par de ellos, como escribana, os copio:
                                                         Este, porque sí:

(1:35 pm)

De haber cumplido
con los sagrados preceptos de este día,
no estaría escribiendo.

Me retracto.
He huido tantas veces.

Ardua es la fidelidad a la memoria.

Quedan intemperies.
Alguna vez iré tras ellas.

                                                             Este, ¿por qué no?:

(4:00 pm)

Nada que decir.
Las cuentas pendientes
las desabrigo en soledad.

                                          Y este fragmento del poema “Hay una mujer”:

colgamos el miedo y las ganas
y cuando nadie pregunta
cuando por fin
nos dejan sostener
raíces en los ojos

iniciamos el regreso

permitimos a extraños
adivinar lo que nos detiene.
                                                 para todas ellas que las hay.

             Bajo la dictadura de las editoriales y librerías sobrevive una hermosa y vasta red: la de los amantes de las letras, de los libros escondidos u olvidados, de aquellos que anidan en nuestro ánimo. Os invito a anudaros a ella.